domingo, 6 de diciembre de 2009

Historias sobre la ropa tendida y el malvado viento

En un contexto atemporal, en un lugar inexistente de inimaginables paisajes, vivía No.
No tenía cinco años y como cualquier niña de cinco años, le encantaba salir a explorar la periferia que envolvía su casa, imaginar cosas imposibles de inventar, coleccionar piedras pensando que dentro de ellas se escondían los tesoros más preciosos... . Pero lo que más le gustaba a No, era preguntarle por el día en que llego al mundo a su madre.
La madre de No era delgada, de gestos majestuosos, siempre iba atolondrada por la casa, haciendo y deshaciendo aquí y allí y siempre manchada... o de harina, de aceite, de yema de huevo, de tomate o cualquier otro ingrediente culinario, no había día en que no se manchase de algún alimento. Pero lo más curioso de la madre de No era sin duda alguna su cabello, pues tenía un cabello bastante peculiar, su pelo rizado tenía un volumen natural extremo, este se alzaba casi un metro por encima de su cabeza y medio metro en cada lateral de su testa, cosa que aunque podría parecer molesta, a ella le había resultado muy útil a lo largo de su vida. Por ejemplo, cuando No nació y su madre tenía que hacer las labores del hogar, para no dejarla sola utilizaba su cabello a modo de cuna, así podía llevarla con ella a todas partes sin preocuparse de si necesitaría cualquier cosa, ¡AL NIDO! le decía, y elevaba a No con las dos manos y esta desaparecía entre sus ondulaciones.
Cuando No se hizo demasiado pesada como para que el cuello de su madre resistiese, le encontró otra aplicación, empezó a guardar entre sus rizos los objetos de valor y todo el dinero que iba ahorrando.
La mamá de No, hablaba de forma pausada, utilizaba las palabras de forma elástica, alargándolas y haciéndolas durar en el tiempo, ya que pensaba que era la manera de darles importancia y de esta forma le contaba a su hija su historia favorita, el día en que No nació.
Aquel día no hacía ni frío ni calor, el aire no soplaba con fuerza, pero tampoco permanecía inmóvil. Hacía un mes ya que la madre de No sabía lo que iba a suceder, su barriga había incrementado el tamaño una barbaridad y por esto, como era de costumbre, llamó a un carpintero para que construyese una escalera que no subiese a ningún lugar, en la azotea de su casa. Tendría quince peldaños y el séptimo tenia que crujir cada vez que se pisase, era un detalle muy importante que no podía faltar. Una vez la escalera estuvo lista, la madre de No, impaciente, fue consumiendo sus días, fumándoselos con impaciencia y ansiedad, hasta que aquel día desprovisto de calor y frío, se manifestó especial. La madre de No, empezó a sentir pinchazos en la tripa, intuyó que había llegado el momento, fue hacía la azotea a la vez que se desvestía, empezó a subir peldaños, el séptimo crujió, sonrió, ya estaba desnuda y al llegar al último escalón se puso de puntillas, inclinó el torso un poco hacia delante, abrió la boca, como si pronunciase una "O" y sopló continuamente, muy suave. De su boca empezó a salir una burbuja, a medida que iba saliendo y haciéndose grande, su barriga se iba reduciendo, hasta que por fin su tripa se deshinchó del todo y la pompa quedó ingrávida, flotando en el aire. La madre de No, estaba agotada, pero su cara reflejaba el puro concepto de la felicidad, extendió los brazos, los colocó un palmo por debajo de la pompa, con las palmas mirando al cielo, la pompa parecía de cristal y reflejaba su propio rostro, no podía ver lo que había dentro, solo distinguía su propia cara reflejada, al instante acerco su tez y rozó la pompa con la punta de la nariz, esta estalló y notó como un recién venido al mundo caía en sus manos. Así es como No hizo tangible su existencia y esta es la historia que su madre le contaba cada día a causa de su incansable insistencia.......CONTINUARÁ

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